Cuando ponemos fútbol que se piensa con la cabeza más garra, corazón, ánimo y un hambre por no dar ningún balón por perdido, a mi percepción se ofrece el fútbol perfecto. El fútbol inteligente, a ras de piso y con entrega es la fórmula perfecta. Un Madrid timorato, conservador, como que tuviera la ventaja en el global y la manija de la clasificación, se para en su campo y desperdicia 45 minutos en un fútbol igual a cómo lo planteó Schuster: Patético.
Por favor, si voy perdiendo y necesito un gol para clasificarme, voy a buscarlo a muerte, a hacer daño al rival, está en mi casa y no dejaré que alguien me robe puntos en mi hogar. Dos volantes de corte defensivo que jamás han dado resultado en toda la temporada, se ven idiotas e inútiles. ¿Por qué renunciar al rombo? ¿Por qué ser tan tímidos cuando tenemos que salir como leones hambrientos, con un corazón más grande que el de Simba? De nada sirve los ánimos, el coraje, la valentía cuando se está al borde de la eliminación, esa que aqueja todos los años durante 3 seguidos y que ronda por esta época del año. En octavos de final para ser exactos.
Con un Pepe expulsado, el romanista Taddei cabecea a placer en el punto penal. Raúl en otro evidente fuera de juego coloca leves y mínimas esperanzas del alargue. Panucci coloca otro balón bajo el punto de las penas máximas para otro cabezazo de Vucinic sentencia al Madrid finalizar la andaduría europea.
Con una Roma totalmente ordenada, desplegando un fútbol que no es dominador, pero que lleva constante peligro, es otras palabras un fútbol inteligente, y si a esto le añadimos que los de Spalleti colocaron todo el corazón en esta clasificación, poniendo amor en cada jugada, así es como han superado por mucho al Madrid de Bernardo. Lo he dicho en otras ocasiones, no concibo el fútbol sin entrega, los equipos mezquinos son la plaga y la enfermedad de este deporte. No pongo en duda las ganas y la genuina frustración de los jugadores blancos al verse eliminados, simplemente comento que la Roma de Spalleti supera en este rubro a los merengues.
Un año más para esperar que este fantasma abandone el Santiago Bernabéu...
Por favor, si voy perdiendo y necesito un gol para clasificarme, voy a buscarlo a muerte, a hacer daño al rival, está en mi casa y no dejaré que alguien me robe puntos en mi hogar. Dos volantes de corte defensivo que jamás han dado resultado en toda la temporada, se ven idiotas e inútiles. ¿Por qué renunciar al rombo? ¿Por qué ser tan tímidos cuando tenemos que salir como leones hambrientos, con un corazón más grande que el de Simba? De nada sirve los ánimos, el coraje, la valentía cuando se está al borde de la eliminación, esa que aqueja todos los años durante 3 seguidos y que ronda por esta época del año. En octavos de final para ser exactos.
Con un Pepe expulsado, el romanista Taddei cabecea a placer en el punto penal. Raúl en otro evidente fuera de juego coloca leves y mínimas esperanzas del alargue. Panucci coloca otro balón bajo el punto de las penas máximas para otro cabezazo de Vucinic sentencia al Madrid finalizar la andaduría europea.
Con una Roma totalmente ordenada, desplegando un fútbol que no es dominador, pero que lleva constante peligro, es otras palabras un fútbol inteligente, y si a esto le añadimos que los de Spalleti colocaron todo el corazón en esta clasificación, poniendo amor en cada jugada, así es como han superado por mucho al Madrid de Bernardo. Lo he dicho en otras ocasiones, no concibo el fútbol sin entrega, los equipos mezquinos son la plaga y la enfermedad de este deporte. No pongo en duda las ganas y la genuina frustración de los jugadores blancos al verse eliminados, simplemente comento que la Roma de Spalleti supera en este rubro a los merengues.
Un año más para esperar que este fantasma abandone el Santiago Bernabéu...

